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¿Haz experimentado alguna vez la rabia, la impotencia, y la frustración de saber que tenías razón... pero el otro ganó la discusión porque parecía tener todas las respuestas? ¿Qué tal cuando sabes que tu producto es perfecto para un cliente, pero el cliente no lo compra porque no pudiste superar su objeción de forma efectiva? ¿O comunicarte con un adolescente exitosamente... en vez de empezar una discusión que termina en, “¡Te odio!”? Yo lo experimenté muchas veces — hasta que me harté de estar harto. Fue ahí cuando comencé a observar a los grandes comunicadores de nuestra época. Al estudiarlos con detenimiento, la pregunta pareció resonar en mi mente: ¿Por qué ellos logran tan rápida y fácilmente lo que quieren?Estudié a líderes, abogados, oradores, políticos, hipnotizadores, terapeutas, vendedores, negociadores, y a un sin fin de personas que lograban lo que querían de forma rápida, eficaz, y elegante. Verás, todo el mundo quiere comunicar sus ideas y que sean aceptadas. TODOS queremos hacerlo — todos lo necesitamos. A veces nuestra comunicación es gritada a través de las lágrimas. A veces se transforma en un arranque de furia impotente. A veces es solo un murmullo en el rincón de la habitación. Otras veces nuestra comunicación es atractiva, carismática, conmovedora. Y a veces — en la oscuridad de la noche, y con nuestra cabeza recostada en la almohada — nuestra mejor respuesta a esa pregunta que no supimos responder, es gritada silenciosamente y con seguridad en el oído de la mente somnolienta...
La realidad es que cada persona puede persuadir e influenciar de forma eficaz — cuando y donde sea. Sin embargo, me he dado cuenta de que muchas personas han sido forzadas al silencio por los errores del pasado. Encerradas en sus roperos síquicos, no discuten, dialogan, o comunican sus ideas. Y al cabo de un tiempo ya no intentan más. Sucede tan lentamente que ni siquiera se dan cuenta del cambio, es tan imperceptible como cuando aumentamos de talle de pantalón.
Muchas otras que se atreven fallan miserablemente — sintiéndose frustradas y hasta silenciadas por los que parecen tener el don de la palabra. Y muchas más discuten ciegamente, como los que nunca han aprendido a jugar tenis y le pegan al aire una y otra vez, hasta que finalmente y de pura suerte, la pelota choca con la raqueta.
Mucha gente está en este mismo momento atrapada en esos armarios sicológicos... con la llave que los conduce a la libertad apretada fuertemente en sus puños. La llave es, por supuesto, darse el permiso de aprender. Aprender a salir del escondite, dar un paso, mirar alrededor, hacer preguntas. Inspirar respeto, compartir su creatividad, sus ideas, hablar, buscar justicia — y, en definitiva, SER.
El enemigo no es la persona con quien nos comunicamos de forma ineficaz. La culpa no es del destino, la mala suerte, o del no tener una voz angelical, o la presencia portentosa de un atleta. No fallamos en obtener lo que queremos por nada de eso, sino por ignorancia. Ignorancia de lo que he descubierto luego de una búsqueda de más de dos años — a lo que he finalmente denominado Fórmulas de Persuasión Instantánea.
Luego de esta exhaustiva investigación, descubrí 23 patrones o formas avanzadas de lenguaje que pueden persuadir, convencer, e influenciar en pocos segundos a la persona más cerrada, necia, y negativa.
Podrás usar estos conocimientos de persuasión en la oficina, en la corte, en la cocina, en el dormitorio — en donde sea. Este artículo sin lugar a dudas te ayudará a conseguir lo que más deseas en la vida y a vivirla con todas las ventajas.
Si en el pasado has sido asaltado por alguna de las siguientes dudas, sigue leyendo, pues al final de este artículo se esfumarán como un mal sueño en la mañana... y serán reemplazadas por conocimiento, coraje, y convicción.
Veamos ahora un ejemplo en acción de las Fórmulas de Persuasión Instantánea...
Digamos que trabajas en una inmobiliaria. Luego de escuchar atentamente a tu cliente y hacerle varias preguntas para saber exactamente lo que quiere, sabes que tienes una casa que es precisamente lo que está buscando. Se la muestras, le encanta, y cuando todo parece ir sobre ruedas para ti y para él “te da un cachetazo” con la siguiente objeción: “La casa me gusta pero es muy cara, no puedo comprarla.” Veamos cómo resolver la situación para que tanto tú como él obtengan lo que quieren.
Tú.- Comprar una propiedad es siempre una de nuestras mayores inversiones. Y estoy de acuerdo que esta casa tiene un valor excepcional. Lo que me gustaría entender es, ¿cómo sabes que es muy cara? Cliente: Bueno juzgando por otras casas que he visto parece ser más cara que otras similares.
Tú.- Entiendo que sea posible que te parezca muy cara, aunque un comprador con experiencia vería inmediatamente que en realidad es una oportunidad sin igual. Creo que coincidirás conmigo que esta casa tiene absolutamente todo lo que tú quieres... y es además una gran inversión.
Cliente.- Bueno, la casa me gusta mucho, pero la verdad es que es bastante más cara de lo que había planeado gastar.
Tú.- Si de verdad te gusta y entiendes el excepcional valor que tiene, hay muchas formas a tu disposición para que puedas adquirir tu casa. ¿Te parece que el ahorrar algunos dólares sería razón suficiente para dejar de lado lo que realmente quieres? Además, es muy posible que una oportunidad de este tipo pueda no volver a presentarse por mucho tiempo. Me pregunto que sentirías dentro de 20 años, de no adquirir esta propiedad, cuando tuviste la oportunidad de comprar el hogar de tus sueños y la dejaste pasar. ¿Qué tan cara te parecería mirándola desde ese futuro con un punto de vista más amplio?
Cliente.- OK. Supongo que podríamos poner una oferta. ¿Cuál te parece que sería la oferta más baja que el dueño aceptaría?
Tú.- Volvamos a la oficina y haré algunas llamadas...
La belleza oculta de esta conversación es que cada una de las respuestas dadas al cliente, fue construida simplemente completando alguna de las 23 Fórmulas de Persuasión Instantánea que mencionaba anteriormente. Es decir, no importa cuál sea el producto, la situación, objeción, conversación o creencia, el proceso siempre es el mismo. Quienes no conocen la fórmula, solo pueden ver y escuchar a alguien que responde fluidamente y que convence sin que puedan decir cómo. Es más, muchos de los que escuchan estas frases están convencidos que no fueron persuadidos, que hicieron exactamente lo que ellos querían por idea propia. | ||||||||||||||||||
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